MANUEL PÉREZ TENDERO

En algún texto del Antiguo Testamento, asistimos a lo que parece una especia de “conversión” de Dios. En los profetas, por ejemplo, aparece el verbo “arrepentirse” aplicado a Dios que estaba a punto de castigar a su pueblo. Es significativo, sobre todo, el caso de Moisés, que intercede ante Dios para que no destruya al pueblo en el desierto por su pecado: parece más misericordioso Moisés que el mismo Dios.
Es evidente que estos textos no quieren decir que Dios cambie de parecer en sus planes; más bien, nos presentan una preciosa idea de la misericordia de Dios desde expresiones y formas de pensar humanas. Con Moisés, también aparece la importancia de la mediación del hombre en la súplica a favor del pueblo: Dios quiere suscitar en nosotros sentimientos de misericordia para con los hermanos.
En la vida de Jesús de Nazaret también tenemos algo parecido. Lo encontramos en el evangelio que se proclamará este domingo en nuestras asambleas: la curación de la hija de la mujer siro-fenicia.
En principio, ante la insistencia de la mujer, Jesús se muestra huidizo, sin responder. Después de insistirle los mismos discípulos, Jesús responde: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel»; esta mujer es extranjera, por tanto, no forma parte de la misión de Jesús. Pero, ante la insistencia y la humildad de la mujer, ante su fe, Jesús cede y cura por fin a su hija.
Con este texto, no se nos está mostrando ante todo la psicología de Jesús, sino el proceso de la historia de la salvación. Ya en el Antiguo Testamento aparecen textos universales, que apuntan a una bendición de todas las naciones; otros hablan de la reunión de todos los pueblos en Jerusalén.
Con Jesús y su Iglesia, este paso que se había anunciado e iniciado en la primera alianza, se cumple de forma definitiva. Pero existe un requisito que aparece en primer término: la fe. Estamos en la mejor perspectiva de la teología paulina, que comprendió como pocos los caminos de Dios: la fe es el principio de la salvación para todos. Existe una relación fundamental donde se conjugan tres conceptos clave: salvación, universalidad y fe. La fe es la posibilidad de acceso para todos a la salvación de Dios.
¿En qué consiste esa fe? En el acercamiento a Jesús, en la confianza plena en que es él la palabra definitiva enviada para salvarnos. La fe brota de un corazón humilde que se sabe no merecedor de la salvación de Dios. La universalidad no es un derecho, no es una exigencia que el hombre le pueda hacer a Dios: es una acogida, una gracia; es fruto de un proceso en el que vamos descubriendo cómo se abre a nosotros un mundo que jamás habíamos soñado y del que jamás seremos dignos.
El hombre actual, nuestra mentalidad racionalista, tiende a considerar la misericordia como una exigencia y la universalidad como un dato incontestable; perdemos, entonces, la esencia de la misericordia: la gracia.
El Dios de Jesucristo nos ha visitado para que, en diálogo con el hombre, se abran las compuertas definitivas de una misericordia desbordante. El Dios de Israel es el Dios de todos, el Dios de Jesús quiere regalarnos su amor a todos. Pero se quedará sin él quien no comprenda la gratuidad de este amor, quien no sepa acogerlo desde la humildad de la fe.
Quizá radique aquí una de las razones de la elección de Israel en medio de los demás pueblos: se trata de una pedagogía para todos de que Dios es diferente, él nos desborda, él no nos pertenece, sino que ha querido llegar a nosotros por pura gracia, por solo amor.
Dios quiere que queramos que nos quiera, él desea que busquemos su amor; él pasa por las puertas de la casa de la mujer extranjera para suscitar su fe, para despertar sus caminos, para llevarle la salvación como fruto de un diálogo amistoso y humilde.
Como casa texto suscita mucha claridad y confusión; ¿es esto posible? Lo es !!!
Dios no es diferente….es Único!! y si nos creo a «Imagen y Semejanza» nos pertenece por qué formamos parte de EL…es, o no es cierto ésto?
Acaso en los planes de Dios no entraba no entraba , en la eternidad, una Iglesia Universal…cuál es entonces la idea de exclusión, en principio, a la extranjera? ¿Porqué solo a los hijos de Israel?
Moisés intercede…eso es claro para el mundo actual, para el hoy, para nosotros, para mí…sin un «mediador» nada se entiende….todo es más lejano y difícil de reconducir…
Pero y Dios? porque fue necesario la mediación de Moisés
Gracias
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Esa mujer extranjera era una pagana? En realidad tras varias lecturas del texto…es Dios quien se acerca a la mujer y le hace realidad sus petición!!
HAGASE TU VOLUNTAD !!!!!
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