LA FIDELIDAD DEL SARMIENTO

MANUEL PÉREZ TENDERO

En nuestros campos, las viñas ya se van vistiendo de verde, germinando un año más en esta primavera bendecida por las lluvias. Los sarmientos ya fueron podados y, ahora, toca germinar y crecer para que la cosecha llegue abundante al final del verano.

En este tiempo de brotes, Jesús de Nazaret nos habla de viñas, sarmientos, frutos y poda. La imagen de la viña es una de las metáforas más importantes de la Biblia, que sirve de unión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En los profetas sobre todo, pero también en los Salmos y en el Cantar de los Cantares, la viña –uno de los cultivos principales de la tierra prometida– sirve para simbolizar al pueblo elegido: Dios sacó una vid de Egipto y la trasplantó en Canaán; allí, ha empezado a extender sus sarmientos hasta el mar.

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PIEDRA Y PASTOR

MANUEL PÉREZ TENDERO

«La piedra que desecharon los arquitectos se ha convertido en la piedra angular»: esta frase de los Salmos sirvió a los primeros cristianos para comprender el misterio pascual de Jesús. Rechazado como Mesías por las autoridades religiosas y políticas –los arquitectos– y llevado a la muerte, Dios lo ha convertido en piedra angular del nuevo templo que está construyendo, lo ha resucitado para instituir la Iglesia de los creyentes.

Esta expresión no sirve solamente para aplicarla al pasado: también en el presente, los arquitectos de este mundo rechazan a Jesús de Nazaret y construyen un mundo sin Dios, una sociedad sin religión, sin mediador, sin salvador. Pero Dios sigue actuando, continúa construyendo un Reino que, comparado con un edificio, tiene en Jesús la piedra clave, angular; él es la esencia de ese Reino, el futuro de la humanidad.

Otros textos bíblicos nos hablan de Jesús como roca y cimento sobre el que se construyen la fe y las relaciones humanas. El sentido es el mismo: Jesús de Nazaret es cimiento y clave, arquitecto y fundamento de toda construcción que quiera durar hasta la vida eterna.

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LA LUZ DE LA CRUZ

MANUEL PÉREZ TENDERO

«Era necesario que el Mesías padeciera, así está escrito en Moisés y los profetas»: esta afirmación de fe de los inicios del cristianismo, ¿es la interpretación puntual de un hecho del pasado, aplicado solo a Jesús, o es la clave para comprender la historia posterior de los seguidores de Jesús?

¿Cómo se llegó a la «inteligencia de la cruz»?

Podemos afirmar que el pueblo de Israel, con los discípulos incluidos, no estaba preparado para aceptar un Mesías fracasado. La cruz de Jesús no es el cumplimiento directo de unas Escrituras que eran comprendidas de forma clara por los miembros del pueblo de Dios. El movimiento fue el contrario: desde la cruz, gracias a la resurrección, se fueron comprendiendo las Escrituras y el aparente fracaso de Jesús desde la perspectiva del plan de Dios, cuyos caminos no son los nuestros.

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NUEVO PUEBLO PASCUAL

MANUEL PÉREZ TENDERO

El libro del Deuteronomio finaliza el bloque de la Ley con un proyecto utópico de sociedad justa, en la que todos los miembros del pueblo elegido se consideran hermanos y no existen pobres en la comunidad. El pueblo se convierte en protagonista de su destino, la ley se personaliza y todos se consideran responsables del futuro del pueblo elegido.

Muchos siglos después, en los albores del Nuevo Testamento, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que ese ideal que Moisés marcó para su pueblo se cumple ahora en la Iglesia naciente, fruto de la victoria de Jesús sobre la muerte. Este pueblo, que recibe el mismo nombre que Israel en el desierto –asamblea, Iglesia–, vive la fraternidad y se esfuerza en la comunión de bienes, para que no existan pobres en su seno.

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