LAVARSE PARA PODER VER

MANUEL PÉREZ TENDERO

La semana pasada, con la escena de la samaritana, la liturgia nos presentaba un símbolo eminentemente bautismal: el agua. Esta semana, la liturgia nos invita a reflexionar sobre el símbolo de la luz, pero no dejamos del todo la importancia bautismal del agua.

Con el pozo de la samaritana, el agua se nos presentaba como el elemento fundamental para la vida: nuestra sed hace posible nuestra supervivencia. Pero el agua presenta también un significado que tiene que ver con la limpieza; el bautismo, de hecho, realiza el perdón de los pecados de aquellos que se acercan al agua que renueva y limpia.

Este domingo, con el milagro del ciego de nacimiento, vuelve a aparecer el agua –en este caso, con la piscina de Siloé– con un nuevo matiz: el ciego tiene que lavarse para poder ver. No se trata solo de quitar el pecado, sino de hacer posible que recobremos la vista para poder acceder a la fe como visión.

De hecho, todo el capítulo nueve de san Juan está incluida en esta doble referencia al hecho de ver: Jesús cura a este ciego, que se lava en la piscina, para que, al final, pueda ver a Jesús. No se trata solamente de un milagro que cura cegueras físicas: el ciego necesita ver a Jesús, eso es la fe. La curación está al servicio de un encuentro personal con el Maestro: «¿Crees en el Hijo del hombre?». «¿Quién es, Señor, para que pueda creer?». «Lo estás viendo». El ciego, al final del todo el proceso, acaba abriéndose a la fe en aquel que le ha curado: ahora puede verlo, se sitúa personalmente frente a él.

Hay otra evolución interesante en todo este capítulo, no exenta de cierta ironía. Se trata del tema del pecado: ¿cuál es la causa de la ceguera, si es de nacimiento? ¿Ha pecado el propio ciego o es un castigo por el pecado de sus padres? Jesús no responde a esta pregunta de los discípulos: esta ceguera es, más bien, una oportunidad para que se manifieste la gloria de Dios. Se desvelará un pecado, ciertamente, pero de una forma sorprendente.

Más adelante, es el propio Jesús quien es considerado pecador por haber curado al ciego en sábado: los fariseos no comprenden que alguien pueda actuar en nombre de Dios si incumple la ley del descanso sabático. Pero –para el ciego y para la gente–, ¿cómo va a realizar un pecador semejantes signos? Lo real nos interroga, las evidencias nos hacen buscar el verdadero origen de este hombre que sana en sábado.

Para no tener que aceptar el signo, para no tener que abrirse a Jesús, los fariseos intentan negar la evidencia, lo real: este hombre no estaría ciego, la curación no habría existido. Se parecen mucho a ciertas personas que, para no tener que hacerse preguntas de fe, niegan el misterio de lo real o lo interpretan de una forma sesgada.

Los fariseos, como ven que el ciego se hace preguntas y ha iniciado un camino interior más allá de quedar curado, como habla positivamente de Jesús, lo acusan de pecador: pecador desde que nació. Es decir, para ellos, la ceguera es fruto del pecado de este hombre, como veíamos al comienzo de la escena. Es fácil resolver los problemas con argumentos «ad hominem», atacando a la persona para no tener que discernir si nuestros planteamientos son correctos.

Al final del episodio, se revela el verdadero pecado y la verdadera ceguera. Si los fariseos reconocieran su propia ceguera, sus propios límites, podrían ser curados; pero, como no lo reconocen, permanecen en su pecado, no pueden ser sanados. Al final, los acusadores son los que aparecen como los verdaderos pecadores. Jesucristo viene a darle un vuelco a nuestros planteamientos, ante él, los ciegos recobran la vista y los que se creen sanos manifiestan su profunda ceguera.

Como el ciego, el creyente ha sido sanado y ha iniciado un camino por el que, en medio de los interrogantes de la gente, es conducido al encuentro con Jesús para poder abrirse a la fe.

Una respuesta a “LAVARSE PARA PODER VER

  1. Avatar de MNLopez MNLopez 15 de marzo de 2026 / 11:32 am

    querer para creer…me invita a purificar mi corazón para aceptar a Jesús que limpia mis cegueras y revela su presencia sanadora…gracias Señor te seguimos y pedimos perdón…te vemos en comunidad.

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