El gran problema de la humanidad es la ausencia de Dios.
Algún amigo mío matizaría esta frase y hablaría de la «ausencia aparente» de Dios: él está, pero no sabemos verlo. San Pablo lo escribió en su carta a los Romanos: el pecado embota la mente y nos hace no ver la presencia del amigo detrás de sus dones.
Icono de la Filoxenia (hospitalidad de Abraham y Sara en Mambré a los tres ángeles que representan la Trinidad)
«Dios es amor»: esta frase está tomada de un texto del Nuevo Testamento, la carta primera de san Juan; pero muchos otros textos, tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento, dicen algo parecido o lo suponen en sus afirmaciones. El Dios bíblico es un Dios que ama.
Siete semanas es una cifra redonda, como lo es el número cincuenta. Hoy es el día marcado por este número. Los judíos, cincuenta días después de la solemne fiesta de Pascua, celebran la fiesta de las Semanas, de la semana de semanas.
Se trataba de la antigua fiesta de la Siega, cuando se recolectaban los cereales que alimentaban al pueblo durante todo el año. Con el tiempo, la fiesta de la Siega se convirtió también en la fiesta de la alianza del Sinaí, del don de la Ley: el ritmo agrícola festivo se conjugaba con el ritmo de la historia de la salvación. La naturaleza y la historia unidas bajo la experiencia religiosa de un pueblo que camina de la mano de Dios.
Este domingo se leerá en nuestras parroquias un comunicado de los obispos de Castilla la Mancha sobre la nueva ley de diversidad sexual. Varias preguntas suscita este comunicado en relación con la situación que estamos viviendo.
Los obispos invitan a todos a leer despacio la ley y a juzgar en conciencia: ¿cuántos la leerán? ¿No se hablará, más bien, desde lo políticamente correcto, desde ideas genéricas que no tienen en cuenta la letra de la ley y sus consecuencias? Puede parecer, a veces, que nuestra sociedad se deja llevar por la marea de la opinión pública, sin discernimiento ni libertad para tener las propias opiniones matizadas.
«Toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben».
Estas palabras fueron escritas por un cristiano en el s. II después de Cristo y forman parte del llamado Discurso a Diogneto. Estamos en los albores de la Iglesia y este autor anónimo intenta explicar el estilo de vida cristiano. En este párrafo se presenta el cristianismo desde un conjunto de bellas paradojas: existe continuidad, pero también diferencias entre el nuevo estilo de vida y el que siguen los habitantes del Imperio.
Una de estas diferencias radica en el tema de la muerte de los hijos concebidos. Los cristianos, desde el principio, se diferencian de la práctica pagana del infanticidio y el aborto. Como vemos, las cosas no han cambiado demasiado en dos mil años. Viviendo lo que predicaban, los miembros de una nueva religión fueron transformando el alma del Imperio romano.
Podéis, también, descargar el PowerPoint para utilizarlo en vuestra catequesis (si queréis que las letras se vean como si estuvieran escritas con tiza hay que descargar e instalar estas dos fuentes en el ordenador: Chalkduster y Tiza).
En su lecho de muerte, muchas personas tienen un último mensaje para sus familiares: «Vivid unidos». Lo que más desea alguien que ha acabado sus días, su legado más solemne y personal, suele ser que se quieran aquellos a quienes él ama.
El pasado sábado 19 de febrero de 2022, un grupo de fieles de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara tuvieron una sesión de formación bíblica para tratar el tema de la vocación en la Sagrada Escritura.
Dicha sesión se realizó online y hoy podemos ofreceros el audio de esta formación impartida por D. Manuel Pérez Tendero (la conexión wifi era débil y a veces se entrecorta, disculpen la calidad del sonido).
Podéis, también, descargar el PowerPoint para utilizarlo en vuestra catequesis (si queréis que las letras se vean como si estuvieran escritas con tiza hay que descargar e instalar estas dos fuentes en el ordenador: Chalkduster y Tiza).
La conversión de San Pablo, Bartolomé Esteban Murillo
Todo comenzó con un fracaso.
Abundaban los filósofos ambulantes y los predicadores de nuevas divinidades. Muchos de ellos tenían éxito. Era una época convulsa, cargada de incertidumbre, con un Imperio todopoderoso que andaba en busca de su alma.
La gente vivía en el Imperio pero buscaba el sentido de sus vidas en otro sitio: el poder y la organización minuciosa no eran suficientes.
Saulo de Tarso también era ciudadano romano, pero vivía en Oriente, arraigado en la religión de sus padres. Él había recibido de su familia esa alma que le faltaba al Imperio. Era tal su celo, su pasión por Dios, que perseguía aquello que podía poner en duda la verdad de sus creencias. Pero, en plena juventud, descubrió nuevos caminos dentro de la religión de sus padres: conoció a los seguidores de Jesús y conoció, sobre todo, al mismo Jesús.
El movimiento apocalíptico se desarrolló en el cercano Oriente en los siglos III a.C. hasta el III d. C. La literatura que generó es muy abundante. Algunos de sus escritos han pasado a nuestras Biblias, en el Antiguo y el Nuevo Testamento. El caso más claro es el libro del Apocalipsis de san Juan.