UN FUEGO QUE DIVIDE

MANUEL PÉREZ TENDERO

Creo que no va a ser fácil predicar este domingo: la lectura del evangelio que se nos propone en la liturgia es de esos textos de la Biblia que nos desbordan. ¿Ha venido Jesús a prender un fuego en la tierra, ha venido a sembrar división y no paz? ¿Cómo entender estas palabras en su momento y cómo interpretarlas para que iluminen nuestro camino actual?

Como en toda buena interpretación, es fundamental tener en cuenta el contexto, la perspectiva de conjunto. En el Nuevo Testamento, queda claro que «Jesús es nuestra paz», él ha venido a unir lo que estaba disperso, ha venido a reconciliar los corazones y a inaugurar el Reino de la justicia de Dios. Él ha afirmado como nadie la necesidad del perdón y la práctica de la misericordia como el principio fundamental con el que Dios nos trata y con el que nosotros debemos tratar a los demás. Él nos ha invitado a acercarnos a él para que encontremos nuestro descanso, porque es «manso y humilde de corazón».

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EL RETO DE ESPERAR

MANUEL PÉREZ TENDERO

¿Un ladrón en la noche o un esposo que vuelve de su boda? ¿Bajo que figura hemos de esperar a nuestro Señor resucitado?

Ambas imágenes fueron utilizadas por Jesús para exhortar a sus discípulos a la vigilancia. San Pablo, utilizando la misma imagen, nos ayuda a profundizar en el misterio: si vivimos vigilantes, como hijos de la luz, ese día final que se avecina no irrumpirá como ladrón en la noche, sino como encuentro nupcial definitivo.

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ABRAHAM Y MARTA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Volvemos a escuchar este domingo el precioso texto de las hermanas Marta y María en su encuentro con Jesús. Es la continuación de la parábola del Buen Samaritano que leíamos la semana pasada. Esta secuencia de escenas hace pensar a algunos en una escenificación de los dos mandamientos principales que el legista ha pronunciado ante Jesús: el amor a Dios, escenificado en la escena de Marta, y el amor al prójimo, que se profundiza en la parábola del Samaritano.

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EL BUEN SAMARITANO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Tres veces aparece en el evangelio según san Lucas el verbo griego «removerse las entrañas, tener compasión»: en la parábola del hijo pródigo, donde se aplica el verbo al Padre que espera en el hogar, en el milagro del hijo de la viuda de Naín, donde el verbo expresa los sentimientos de Jesús que le mueven a hacer el milagro, y en la parábola del buen samaritano, donde se expresa también la raíz del comportamiento de este hombre que tuvo misericordia del herido.

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JERUSALÉN FECUNDA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Los profetas de Israel son grandes poetas; entre ellos, muy especialmente, el profeta Isaías. Una de las características de la poesía es la capacidad de expresar ideas y sentimientos con imágenes. Es muy conocida, por ejemplo, la imagen del pastor o de la viña. Algunas de esas imágenes pueden resultarnos atrevidas, sobre todo cuando las aplicamos a Dios.

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AMOR Y ORACIÓN

MANUEL PÉREZ TENDERO

Cuando termina el tiempo Pascual, con la jornada de Pentecostés, parece que la liturgia no quiere dejar de seguir viviendo el carácter festivo que la caracteriza y, por ello, tenemos un conjunto de fiestas que se acumulan en estos días: Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote, la Santísima Trinidad, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el Sagrado Corazón de Jesús.

En este domingo, recordamos el misterio central de nuestra fe: Dios es tres personas en una única naturaleza. Con motivo de esta festividad, la Iglesia quiere celebrar la vocación de uno de los miembros más importantes del pueblo de Dios: la vida contemplativa; estamos en la Jornada Pro Orantibus, la Jornada en favor de aquellos que se dedican muy especialmente al ministerio de la oración. El lema de la Jornada de este año, muy relacionado con el año jubilar, es «Orar con fe, vivir con esperanza».

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GRATIA PLENA

MANUEL PÉREZ TENDERO

En los tiempos del desierto, cuando Moisés conducía al pueblo de Israel hacia la Tierra Prometida, necesitó buscar ayudantes para la ingente tarea de conducir un pueblo hacia la libertad. El Espíritu de Dios fue derramado sobre aquellos que habían sido elegidos para compartir su carga, pero Moisés hubiera deseado que todo el pueblo recibiera el Espíritu para poder ser profeta de Dios.

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