POBRES EN EL ESPÍRITU

MANUEL PÉREZ TENDERO

Después de haber presentado a Jesús como Mesías ungido de Israel y como luz que viene a realizar su misión desde Galilea, san Mateo nos muestra la actividad del Maestro. Lo primero de todo, su palabra, su mensaje; después vendrán los milagros y las obras del Reino.

Jesús se sube a un monte y realiza un largo discurso para la multitud, con la presencia cercana de los discípulos. Todos sabemos cuáles son las primeras palabras del discurso inicial de Jesús: las Bienaventuranzas. Jesús ha venido a ofrecernos el Reino como un camino de felicidad. También conocemos todos la primera de estas Bienaventuranzas: los pobres en el espíritu.

Esta primera dicha es la clave de todas las demás y sirve de clave, también, para la liturgia de este domingo. Desde ahí se han elegido las otras dos lecturas, que se pueden leer en un precioso paralelo.

El profeta Sofonías, por un lado, habla del surgimiento de un pueblo pobre y humilde, que confiará en el Señor. El pueblo elegido ya existe desde hace siglos, pero Dios promete que va a dejar un «resto», una pequeña porción del pueblo que no tenga prestancia ni poder, que sea tan pequeño que no tenga más remedio que confiar del todo en Dios.

Por otro lado, san Pablo describe la comunidad cristiana de Corinto con palabras muy parecidas a las del profeta Sofonías. Dios ha llamado a ser cristianos en Corinto, no a la gente importante, no a los intelectuales y aristócratas, sino a la gente sencilla. San Pablo tiene claro que hacerse cristianos es una llamada de Dios, una gracia, y esta gracia se otorga, fundamentalmente, a los que menos cuentan en la ciudad cosmopolita de Corinto.

Las claves del antiguo pueblo elegido y del pueblo de la nueva alianza siguen siendo las mismas, y sirven para dar cuerpo a las enseñanzas de Jesús, que declaró dichosos a los pobres y a los más pequeños.

La humildad objetiva del pueblo elegido, por tanto, es una obra de Dios, es un proceso por el que Dios va moldeando a los suyos. Según el libro del Deuteronomio, así comenzó Israel: fue elegido por ser el más pequeño de todos los pueblos; con el tiempo, este pueblo ha querido ser grande, ha confundido la elección con la gloria propia; por eso, el Señor los va conduciendo, a través de los acontecimientos históricos, a su verdad originaria, a su pequeñez constitutiva.

Esta promesa, que se va realizando ya en el Antiguo Testamento, la ve san Pablo cumplida en sus comunidades: la sociología de la comunidad es un reflejo de la teología del Reino. Pero nosotros, como antaño Israel, tendemos a buscar la grandeza, la gloria humana, la importancia social y religiosa. Pero Dios no deja de moldearnos hacia la pequeñez, sobre todo con las derrotas de la historia y los fracasos de su pueblo. Lo que a menudo nos enfada, porque es contrario a nuestros planes, puede ser regalo de Dios para que seamos el pueblo que él quiere.

Creo que desde aquí habría que entender esa «pobreza en el corazón» con la que Jesús abre su discurso: se trata de saberse elegidos por Dios por ser pequeños y para ser pequeños. La pobreza como ocasión para la elección, porque solo así resplandece la gracia de Dios.

Tanto Sofonías como san Pablo nos hablan de la finalidad de este empequeñecimiento del pueblo. Sofonías nos dice que han de ser pequeños para que confíen en Dios. San Pablo, por otro lado, nos dice que Dios elige lo que no cuenta para que nadie se enorgullezca, para que la gloria de Dios resplandezca en medio de sus hijos.

Es difícil buscar la gloria de Dios cuando nos creemos importantes. Es difícil confiar en Dios cuando nos vemos con fuerzas suficientes. La pequeñez es una pedagogía de la gracia: aprendemos a dar gracias por ella.

2 respuestas a “POBRES EN EL ESPÍRITU

  1. Avatar de Manuel Núñez Lopez Manuel Núñez Lopez 1 de febrero de 2026 / 11:28 am

    …Santos en la fe perseguimos ser bienaventurados hijos de Dios confiados en la bendición que Jesús nos ofrece por el Padre que nos dignifica…gracias a ti Señor.

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  2. Avatar de Guillermo Salgado Guillermo Salgado 5 de febrero de 2026 / 2:41 am

    Hermoso y muy profundo. Para leer y meditar. Gracias Padre por su enorme aporta a estos laicos que quieren conocer a Jesús en las Escrituras y en nuestra vida común.

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