MANUEL PÉREZ TENDERO

Allí donde La Mancha deja de ser llanura y se convierte en monte, se encuentra un pequeño pueblo que ha estado en boca de todos en estos últimos días: Urda, donde los montes de Toledo comienzan a elevarse en dirección a Extremadura.
Hasta la época de la Desamortización, en las faldas de los montes de Toledo se encontraba el Convento de la Orden de san Juan de Jerusalén: Urda, pequeña, latía en el corazón espiritual de una de las Órdenes militares más importantes de la historia, nacida junto al Santo Sepulcro, allí donde los creyentes de la edad media fundaron un Hospital para atender a todos los peregrinos que llegaban a Jerusalén.
Como herencia espiritual de aquellos tiempos de Convento, la imagen del Cristo de Urda se ha convertido en foco espiritual para todos los pueblos de La Mancha. El día veintinueve de septiembre, cada año, miles de peregrinos se acercan a esta imagen para invocar su protección y renovar su fe.
Exactamente un mes después de las fiestas patronales, el veintinueve de octubre, Urda se ha convertido en desgraciado foco de atención internacional debido a un trágico accidente de trenes. Todo nuestro país ha quedado sumido en el dolor. Detrás de cada muerte hay un futuro frustrado y una familia que sufre, detrás de cada muerte queda un vacío que no se puede llenar.
Urda y, con este pueblo, toda España, ha sabido acompañar en la tragedia y servir a las víctimas. Urda les ha ofrecido aquello que tiene: ayuda y oración, cercanía y consuelo.
El tesoro de este pueblo no está en su patrimonio arquitectónico o histórico: el tesoro de este pueblo siempre ha sido la devoción al Cristo de Urda. Por eso, la Eucaristía de ayer, sábado, se celebró bajo la mirada de la imagen del Cristo. Todos pudimos seguir por televisión esa Eucaristía, llena de silencio y solidaridad, de pena compartida y oración.
La noche anterior, en cambio, no pudimos ver la bajada de esa imagen del Cristo desde su basílica hasta la iglesia parroquial: todo el pueblo estuvo allí presente, en silencio activo, con dolor contenido y oración del corazón.
El amor consiste en darlo todo, dar lo mejor de uno mismo. Los vecinos de Urda han querido dar lo mejor de su esfuerzo: ayuda, acogida, escucha; han querido dar, sobre todo, su mayor tesoro: el Cristo de la Vera Cruz, la gracia de vivir bajo la mirada del Pastor que carga con nuestra cruz. Cualquier vecino de Urda le podría decir a cada una de las víctimas de la tragedia y a sus familiares lo que san Pedro le dijo al paralítico de la Puerta Hermosa del templo: «No tengo oro ni plata, lo que tengo, eso te doy: en nombre de Cristo, ponte de pie y echa a andar». Lo mejor que tenemos, eso os damos: nuestro Cristo, vuestro Cristo, el Cristo de todos, la protección de un Dios que ha muerto por nosotros y no deja de acompañar cada sufrimiento.
En sus fiestas patronales, cada año, Urda no es lo que importa, sino los peregrinos que se encuentran con su Cristo, el Buen Pastor con la cruz a cuestas. Urda es una puerta abierta para que puedan venir de todos los rincones personas a encontrar consuelo en Jesús de Nazaret. Esto mismo ha querido ser este bendito pueblo en estos días de desamparo: puerta abierta en la tragedia para que personas de toda condición puedan recibir el consuelo y la esperanza en medio del dolor.
Acompañar a los que sufren y poner su dolor a los pies de la cruz: esa es nuestra misión, porque estamos convencidos de que solo Jesús de Nazaret puede darnos luz y futuro en medio del sufrimiento y de la muerte.
Hemos de seguir acompañando, hemos de seguir orando por las víctimas de esta tragedia, hemos de seguir luchando para que no llegue a repetirse.
En mi oración por todas las víctimas y sus familiares, no dejo de dar gracias por todos mis paisanos de Urda y, en ellos, por toda nuestra bendita sociedad española que sabe bien cuál es el verdadero sentido de la vida y de la muerte, del dolor y del amor, que sabe acompañar y orar al lado del que sufre, que aprende a vivir con esperanza las cruces del camino.
Ni que decir tiene que triunfó el amor en Cristo Jesús resucitado que pasó por la Veracruz para que tengamos vida y perdonar lo imperdonable por nuestras negligencias…gracias Urda tu solidaridad nos acerca Dios.
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