LA SED DE LOS CREYENTES

MANUEL PÉREZ TENDERO

Si la Cuaresma nos trasporta simbólicamente al desierto, las lecturas de este domingo nos plantean un tema muy adecuado: el agua.

En la historia de Moisés, tenemos un pueblo sediento que no sabe dónde acudir para beber; por ello, se quejan al libertador y este, en nombre de Dios, les abrió un manantial en una peña, en el monte Horeb. En la vida de Jesús, en cambio, sí tenemos un pozo; el que tiene sed, ahora, no es el pueblo, sino el mismo Jesús, que pide de beber a una mujer de Samaría. Entre el Maestro y la mujer se entabla un precioso diálogo por el que Jesús va conduciendo pedagógicamente a la samaritana hacia la sed de un agua nueva, agua que corre, agua viva que solo él puede dar.

A diferencia del antiguo pueblo hebreo, la mujer sí tiene donde conseguir agua: lo que le falta realmente es la sed. En ambos casos, el punto de partida para el milagro es la sed: la sed del pueblo en el desierto, la sed de Jesús, a mediodía, en Samaría. El agua llegará después, habrá de pedirse para que Dios la derrame abundantemente.

Hemos hablado alguna vez de la fe como sed profunda del corazón, como una necesidad que brota de lo más íntimo de la persona. Cuando abunda el agua, posiblemente, escasea la sed. Dios ha educado a Israel en el desierto, le ha llevado al extremo, a la escasez, para que experimenten la necesidad de la ayuda de Dios.

Es posible que nuestra sociedad, al menos en Occidente, se parezca más a la mujer samaritana que al pueblo del desierto, recién salido de Egipto. El hombre y la mujer de hoy, como la samaritana, tienen pozo accesible y también tienen cubo para poder sacar el agua para satisfacer todas sus necesidades.

¿No es más difícil evangelizar a un pueblo que se siente satisfecho, que se considera autosuficiente a la hora de cumplir sus anhelos y llevar a cabo sus sueños? ¿Ha dejado el hombre de necesitar a Dios?

Es verdad que, en medio de la aparente satisfacción de nuestro pueblo, no dejan de surgir personas que no se conforman con lo que la técnica les ofrece; nunca dejarán de surgir, en cualquier sociedad, personas con sed profunda de sentido: hemos sido creados para beber el agua del amor de Dios y ninguna otra cosa podrá satisfacernos nunca, como san Agustín acertó a formular hace ya muchos años: «Nos hiciste, Señor, para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que no descanse en ti».

¿Debemos, por tanto, esperar a que estas personas se acerquen a nosotros para ofrecerles el agua de la fe? ¿No sería bueno que nos atreviéramos a ir nosotros también hacia ellos para intentar suscitar esa sed que motiva para buscar a Dios? Donde hay sed, ahí se puede construir.

Creo que la escena de Jesús con la samaritana nos abre también a una nueva dimensión de la sed, que abre perspectivas inusitadas de futuro. Jesús suscitará la fe en esta mujer porque él tuvo antes sed de la fe de ella. Si cambiamos el tema de la sed por el de la misericordia, estamos en el caso del pastor que busca a la oveja descarriada antes de que ella quiera volver al redil.

La clave de la evangelización está en la sed, pero no solo en la sed de los oyentes, en la hondura de sus búsquedas, sino en la sed de los evangelizadores. La tierra no dará fruto si el sembrador deja de sembrar, si se cansa y abandona el trabajo porque ha dejado de confiar en las posibilidades del terreno.

El Señor necesita apóstoles con sed, con pasión, con motivación, insatisfechos de lo de siempre, creativos, esforzados. Quizá abunda demasiado la rutina entre nosotros, y la queja, también la desilusión y el desánimo, la decepción. Es urgente recuperar la sed de los creyentes para que puedan ser evangelizadores de esta sociedad que se cree satisfecha: debemos sembrar, también dentro de la Iglesia, entre sus miembros más activos, ilusión, esperanza, trabajo, esfuerzo; queremos compartir con Jesús la sed por hacer llegar su amor a todas las criaturas.

Una respuesta a “LA SED DE LOS CREYENTES

  1. Avatar de Manuel Manuel 8 de marzo de 2026 / 12:02 pm

    muestranos el camino y danos de beber…es la súplica de un corazón sediento del amor de Dios…en comunidad te sigo para comunicar este don…gracias Señor.

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