EL CORPUS CON EL PAPA

MANUEL PÉREZ TENDERO

Este domingo es una fecha importante en el calendario católico: la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. En España, esta solemnidad coincide este año con la primera visita del papa León XIV a nuestro país. Esta coincidencia nos invita a reflexionar sobre el misterio de la Eucaristía en relación con el sucesor de Pedro, con los apóstoles y con toda la Iglesia.

Una de las impresiones que han dejado todos estos días de preparación es la riqueza de la Iglesia española. Grupos de música, movimientos, instituciones, personas interesadas: la Iglesia es mucho más grande de lo que a veces podemos pensar; allí donde menos lo esperas surgen personas, a las que tal vez no conocemos, que son profundamente creyentes o que están ahí, a las puertas, buscando a Dios y el sentido profundo para sus vidas.

Con su estilo sencillo, el papa suscita adhesión a Jesucristo, convoca a muchos para escuchar sus palabras y recibir su testimonio.

Por otro lado, la presencia del papa en esta fiesta nos habla de la relación entre la Eucaristía y la Iglesia, entre la Eucaristía y los apóstoles.

El contenido de la Eucaristía es la presencia de Jesús, muerto y resucitado, en medio de nosotros; pero esa presencia se hace imposible sin la Iglesia. Él irrumpe en medio de la asamblea reunida en su nombre. Dios está en todas partes y a Jesús se le encuentra, a menudo, en lugares insospechados; pero su presencia se hace especialmente real y significativa en la Eucaristía: no hay otro lugar en la tierra donde se realice de forma más intensa su presencia.

Su cuerpo resucitado irrumpe cuando su cuerpo místico, la Iglesia, está reunida. Desde los orígenes del cristianismo, la Iglesia ha tenido claro que no se pueden separar la Cabeza del Cuerpo, a Cristo de su comunidad.

Tal vez por esta razón la Eucaristía sea lo que más nos cuesta y, por ello, tenemos muchos cristianos no practicantes, es decir, creyentes que no celebran habitualmente este misterio central de la fe.

Creo yo que la Eucaristía es lo “menos nuestro” del cristianismo, lo que menos podemos poseer y controlar. Nadie puede celebrarse la Eucaristía a sí mismo: depende totalmente de la Iglesia y depende totalmente de Jesucristo. Nos resulta relativamente fácil adquirir costumbres cristianas individuales o folklóricas, que dependen de nosotros, pero es más difícil ser fieles a una celebración que es de Cristo y de la comunidad y a la que yo estoy invitado a incorporarme.

El cristianismo no es una devoción particular ni una costumbre popular, no es un sentimiento religioso que brota dentro de nosotros, sino la memoria de un hecho histórico que ha cambiado la historia de la humanidad y al que tenemos acceso gracias a los apóstoles, a la Iglesia.

El papa León es la cabeza visible de nuestra Iglesia, el vicario de Jesús en la tierra. Con él, aprendemos a vivir el cristianismo de forma real, pendientes de Cristo e incorporados a la comunidad que él fundó.

El lema de esta visita del papa es muy hermoso: «Alzad la mirada». Más allá de nuestras perspectiva cortas y limitadas, más allá de nuestra mirada encerrada en las pantallas, el papa nos invita a levantar la cabeza para descubrir nuevos rostros, también en los caminos de la fe: somos comunidad, familia, discípulos de nuestro Maestro común.

El papa nos invita a levantar la mirada, más allá de lo visible, para atisbar la presencia de Dios en medio de nuestras cosas cotidianas. Nos invita a levantar la mirada también eucarísticamente: para mirar a aquel al que traspasaron en la cruz y que, ahora, se nos da como Palabra y Pan para alimentar nuestro camino. Más allá del pan aprendemos a contemplar a nuestro Señor.

Esto es la fe: saber ver más allá de lo evidente, saber mirar más allá de la apariencia, dejarnos sorprender por la presencia de Alguien que irrumpe en nuestras vidas de la mano de los hermanos.

Rezamos por los frutos de esta visita del papa. Rezamos para que el Señor no deje de regalarnos una mirada eucarística.

Deja un comentario