SEMBRADOR Y MAESTRO

MANUEL PÉREZ TENDERO

Seguimos recorriendo el evangelio según san Mateo. Este domingo escuchamos el comienzo del discurso en parábolas; como en san Marcos, también san Mateo comienza con la parábola del sembrador y su explicación. Tenemos tres partes bien diferenciadas en el texto: la proclamación de la parábola del sembrador junto al mar, el diálogo con los discípulos para revelar por qué Jesús habla en parábolas, y la explicación de la parábola.

El texto es tan rico en matices, que podríamos centrarnos en diferentes elementos para profundizar en el significado de este precioso texto evangélico.

Podríamos centrarnos en la figura del sembrador, aplicado a Jesús o aplicado también a nosotros mismos como discípulos y misioneros del Reino. Podríamos fijarnos en los diversos rendimientos de la tierra buena para profundizar en las capacidades de cada persona: el ciento, el sesenta y el treinta. Podríamos profundizar en el difícil diálogo de Jesús con los suyos e intentar comprender por qué Jesús no fue comprendido en sus parábolas y cómo esto estaba ya anunciado en el profeta Isaías.

La tradición de la Iglesia se ha fijado, sobre todo, en la aplicación de los distintos tipos de tierra a cada uno de los oyentes del Evangelio; este parece ser también el significado más importante de la parábola y su explicación.

En los tres primeros tipos de tierra tenemos un elemento exterior que interfiere en lo sembrado y hace imposible el fruto: los pájaros en el camino, el sol en el terreno pedregoso y los cardos en el tercer tipo de tierra. En la explicación se nos da una correspondencia clara, alegórica, de cada uno de estos elementos: los pájaros simbolizan al Maligno; el sol, las dificultades y la persecución por la Palabra; los cardos, las preocupaciones de la vida y sus riquezas, que ahogan la semilla sembrada. Solo en el cuarto tipo no encontramos ningún tipo de estorbo exterior.

¿Es que no le afecta el sol a la tierra buena, no llegan allí también los pájaros? En el fondo, aunque no se dice, se da por supuesto que estos elementos exteriores distorsionan la semilla debido al tipo de tierra. En el camino, la semilla no penetra en la tierra: la palabra sembrada no es comprendida por el oyente; está ahí, aislada, sin contacto real con la tierra y, por eso, los pájaros pueden llevársela. El sol sale sobre toda la tierra y lleva su calor a todas partes, pero es especialmente dañino allí donde la tierra es superficial, afecta sobre todo a las plantas que no han echado raíces. Por fin, los cardos y abrojos pueden crecer en cualquier parte, pero la labor de los agricultores hace posible que la semilla buena no encuentre estos estorbos en un terreno que está siendo cuidado por su dueño.

Los símbolos son tan sencillos y directos que es posible ampliarlos en la aplicación moral a la vida de las personas. Creo que son especialmente actuales los dos tipos de tierra intermedios: el tipo de tierra superficial, que se aplica a aquellos que enseguida aceptan con alegría cualquier novedad, pero que, en cuanto surge cualquier dificultad, pierden la alegría y abandonan la novedad. Una de las claves del hombre actual es que está perdiendo sus raíces y está acostumbrándose a vivir la vida de forma rápida y superficial, sin reflexión, sin hondura, sin esfuerzo, sin querer atarse a nada, disponible para cualquier novedad, consumidor insaciable de experiencias que se suceden.

También la tierra llena de abrojos tiene una gran actualidad: los afanes de la vida y las riquezas compiten con la Palabra y hacen imposible que dé fruto. Todos conocemos a personas profundamente creyentes, con buena voluntad, con deseos de oración, pero que no encuentran tiempo ni paz en medio de la vorágine de las actividades de la vida.

Estas cosas suceden también dentro de la Iglesia, también entre los consagrados y las personas más implicadas en la misión: la falta de tiempo, sobre todo, hace imposible que se echen raíces y, por ello, las dificultades y las riquezas, los peligros y las seducciones, hacen imposible que la preciosa semilla, sembrada y recibida, sea comprendida y dé frutos.

Ojalá que podamos, como los discípulos, dedicar tiempo a que Jesús nos explique la Palabra, para que no seamos de aquellos que ven sin comprender y oyen sin entender: solo Jesús puede explicarnos los misterios del Reino y de la vida.

Leyendo el texto completo, comprendemos que la tierra buena no es buena antes de llegar la semilla: es buena y da fruto porque comprende, porque recibe las enseñanzas posteriores del sembrador.

Una respuesta a “SEMBRADOR Y MAESTRO

  1. Avatar de MNLopez MNLopez 12 de julio de 2026 / 12:08 pm

    ….preciosa parábola que nos adentra en el misterio del Reino de los cielos porque es Dios el que hace crecer y dar fruto sin responsabilidad del sembrador para con la semilla que no prospera…me fio de un maestro que sabe según su conveniencia para dar el fruto que me corresponde…gracias Jesús.

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