MANUEL PÉREZ TENDERO

En los tiempos de Jesús, viendo a las gentes, el Maestro se compadecía de ellos porque estaban «como ovejas sin pastor». ¿Cómo está el rebaño en estos tiempos nuestros?
En estos intensos días de la visita del papa León XIV a España, daba la impresión de que el rebaño sí tiene pastor: la muchedumbre se ha congregado en torno a él en todos los rincones que ha visitado. El cariño con el que se le ha recibido, el alcance de sus gestos y sus discursos, la variedad de personas e instituciones que han querido estar presentes: todo apunta a un rebaño que reconoce en el papa a su legítimo pastor.
Parecía que nuestro país, después de tantos años, tenía «sed de papa», deseos de saberse Iglesia universal.
Ante este acontecimiento eclesial y social, la gente se pregunta por el pasado y por el futuro: ¿de dónde salen todas estas personas que ahora se reúnen públicamente para recibir al sucesor de Pedro? Por otro lado, ¿qué frutos quedarán en nuestras parroquias de esta visita y todo su éxito?
Creo que lo que hemos vivido y las claves mismas del Evangelio nos hacen responder a estas preguntas desde la esperanza.
Algunos interpretan el fenómeno de estos días desde el afán de figurar y lo fácil que resulta aparecer en público de forma esporádica; pero creo que hemos podido comprobar que, tal vez, tenemos más cristianos en nuestros pueblos y ciudades de lo que podíamos pensar.
Es cierto que no siempre es un cristianismo comprometido, perseverante, lo profundo que quisiéramos; pero creo que es verdadero y hay mucha materia prima para seguir trabajando. Se trata de un cristianismo que, en lo positivo, no hace mucho ruido: está ahí, en el día a día, sin levantar mucho la voz; es cierto que, en lo negativo, puede ser un cristianismo poco testimonial, que necesita comprometerse más en proclamar y vivir el mensaje de Jesús. No podemos dejar que sea el papa solo quien anuncia, con valentía, la verdad del Evangelio: todos nosotros estamos llamados a proclamar esa verdad cada día en nuestras familias y nuestros ambientes de trabajo y de ocio.
Por otro lado, nos atrevemos también a mirar con esperanza al futuro. Esta visita del papa ha sido siembra, acontecimiento eclesial y social que está llamado a dar fruto en nuestro país. Muchos han subrayado que, en los mensajes del papa, ha habido muchas preguntas. Esto es lo importante: despertar la pregunta, la sed, la inquietud; tenemos que atrevernos a responder. La fe, en el fondo, es una respuesta a los interrogantes más profundos del ser humano, es una respuesta a la propuesta que Dios le hace al hombre.
En el evangelio de este domingo, Jesús siente compasión por las gentes que se reúnen en torno a él; también el papa ha sido cercano y se ha comportado con ternura. A esa actitud estamos llamados todos: ante esta muchedumbre, ante la sociedad toda, estamos llamados a tener la actitud del papa, la actitud de Jesús. Sin compasión, la Iglesia deja de estar capacitada para evangelizar.
Además de la compasión, Jesús pide oración a sus discípulos: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». Hemos comprobado que la mies es muy abundante y, efectivamente, no es perfecta: necesita obreros, evangelizadores, sembradores; por ello, tal vez uno de los principales frutos de esta visita del papa podría ser el surgimiento de nuevas vocaciones para trabajar en medio de la Iglesia y el mundo para ser trabajadores de la viña del Señor. Cuando hay vida cristiana intensa florecen las vocaciones: como nos dijo el Señor, «por sus frutos los conoceréis».
Los gestos han sido preciosos, los mensajes, llenos de contenido; pero creo que la gente no ha llenado los estadios y las calles por este motivo: estaban ahí antes de que el papa pronunciara palabra. En el fondo, lo que ha congregado principalmente a nuestra gente ha sido la figura del papa, el significado de su misión, la importancia de su ministerio moral y espiritual sobre la Iglesia y sobre toda la humanidad. En el fondo, creo que nuestra sociedad ha manifestado, congregándose en torno al sucesor de Pedro, que tiene hambre de Jesucristo.
Ejemplar y precioso el testimonio del pueblo español ante la visita del Sumo Pontífice. En México la seguimos con gran interés..
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….seguimos a Jesús con la esperanza de inaugurar tiempos nuevos para una humanidad nueva y renovada por el ejemplo de sus apóstoles liderados por el sucesor de Pedro que nos alienta y convoca…gracias Señor por sentirme en comunión.
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