MANUEL PÉREZ TENDERO

¿No es Dios el creador y el señor de la historia? ¿Por qué permite, entonces, que sucedan las desgracias? ¿Por qué no arranca la semilla del mal de en medio de la historia? Si él todo lo ha creado bueno, ¿de dónde proviene el mal que crece por doquier?
Estas preguntas se las ha planteado la humanidad desde sus orígenes. No faltan respuestas de todo tipo, desde Oriente a Occidente. La misma Biblia dedica Salmos y libros enteros a esta cuestión. También se plantearon este tema los primeros discípulos de Jesús, incluso de una forma más intensa: porque se supone que, con el Mesías, el Reino ha llegado a nosotros y el mal ha sido vencido.
¿Cuál es la respuesta de Jesús a estas preguntas seculares del ser humano? Toda su vida y su persona son la respuesta de Dios al misterio de la vida, del mal y de la muerte; pero este domingo escucharemos una parábola que intenta ayudarnos a comprender una dimensión fundamental de cómo gobierna Dios en medio de la historia: la parábola del trigo y la cizaña, la semilla buena del campo y la mala hierba.
La primera pregunta a la que intenta responder la parábola es: ¿de dónde viene el mal, la cizaña que crece en el campo de nuestro mundo? La ha sembrado el Enemigo, dice Jesús. El diablo no es creador ni es señor de la historia, pero interviene en ella para intentar fomentar el mal.
La segunda pregunta es una propuesta de los siervos del Dueño de la siembra: déjanos arrancar la cizaña para que la buena semilla pueda crecer mejor. Pero el Dueño, que ha sido también el sembrador del trigo, les dice a los siervos que deben esperar al final de los tiempos: si se arranca ahora la cizaña, también se podría arrancar el trigo; es mejor esperar a la cosecha. Además, los encargados de arrancar la cizaña no serán los siervos, sino los ángeles del cielo.
Hay mucha sabiduría en esta respuesta: la paciencia es la clave para comprender la providencia de Dios. No es fácil distinguir siempre entre el trigo y la cizaña. ¿Quiénes son la cizaña? ¿Quiénes son la buena semilla? ¿Los que representan una ideología, los que tienen unos valores determinados, los creyentes? ¿La cizaña está solo fuera de nuestro grupo, fuera de nosotros mismos? Si arrancaran la cizaña, muchos creyentes deberían desparecer, seguramente; si arrancaran la cizaña, quizá también muchos de nosotros deberíamos ser expulsados del Reino. El trigo y la cizaña también crecen juntos dentro de la Iglesia. El trigo y la cizaña también crecen juntos en nuestro propio corazón.
Desde la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, se nos da una clave para profundizar en esta parábola: Dios no separa todavía la buena de la mala semilla porque es misericordioso, porque los malvados no son solo cizaña, porque él ha creado a los hombres y comprende cada corazón, porque él es el Padre bueno que espera que el hijo alejado pueda volver al hogar. La cizaña no puede cambiar, pero el ser humano sí se puede convertir.
¿Cuándo hay que arrancar la cizaña? Tal vez, muchos creyentes fueron en gran parte cizaña hace unos años, pero ahora se han convertido en trigo bueno que dan testimonio de su conversión en medio de la sociedad.
Como diría el libro del Eclesiástico, no se puede juzgar a nadie hasta que no llega su final: todos estamos llamados a crecer, a recapacitar, a convertirnos.
Otra idea, relacionada con este tema, se nos da también en la misma lectura de la Sabiduría de este domingo: Dios actúa de forma misericordiosa, castiga de forma moderada, porque espera la conversión del pecador, pero también para enseñar al justo que debe ser humano, benévolo, magnánimo.
El deseo de extirpar el mal de forma radical y rápida, de que los malvados desaparezcan pronto, ¿no brota de una actitud que juzga a los demás y que es poco humana, poco misericordiosa, poco de Dios?
La misericordia y la paciencia de Dios son una escuela de humanidad para todos nosotros.
…casan mal en una sociedad inmediatista y con poco aguante ante las adversidades…pido ser trigo y perdonar esa cizaña que envenena nuestras relaciones…dejemos a Dios ser Señor de nuestras vidas para que triunfe Jesús…gracias Padre.
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Uy! A mí ya me hubieran arrancado hace rato! Gracias Señor, por tu paciencia. Gracias, por seguir esperando nuestra completa conversión!
Qué hermoso decir: «Así es como Dios gobierna nuestra historia»
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