HISTORIAS DE NAVIDAD

No sabemos nada de la historia de los vecinos de José, en Nazaret. Es muy poco también lo que nos ha llegado sobre la vida de las familias sacerdotales de Jerusalén. Algo más sabemos de Herodes, que reinaba en Judea como cliente del Imperio romano en su extremo más oriental. También tenemos algunas noticias de Augusto, que empezaba a ser divinizado por todo el Mediterráneo.

Normalmente, se cuentan las historias de los grandes hombres; buenos hombres algunos, cargados de virtudes; otros, en cambio, déspotas de sus propios conciudadanos. Solo pasan a la historia los que han triunfado. Desde antiguo hasta la actualidad, parece que la historia la han construido las personas que han detentado el poder. ¿A quiénes se recordará, de los que vivimos en el presente, en tiempos venideros?

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ÉL LLEGA ACOMPAÑADO

El gran profeta del Adviento es, sin duda, Isaías. La mayor parte de los textos litúrgicos del Antiguo Testamento para el Adviento están tomados de este profeta. En concreto, muchos de esos textos pertenecen a lo que se suele llamar el Segundo Isaías, la segunda parte de este gran libro, escrita bastantes años después de la parte más antigua.

Los textos nos hablan de un desierto florecido, de Jerusalén que se viste de fiesta porque viene el Señor. ¿A qué venida del Señor se refiere el profeta?

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EL ADVIENTO QUE VIENE

Está llegando el invierno: la luz es cada día más escasa y aprieta el frío muy de mañana. Pero la Navidad se acerca. Para los creyentes, el invierno llega con el calor del nacimiento del hijo de Dios, el calor del pesebre, el calor del cariño de María y José, acompañados por los sencillos –los pastores– y los lejanos que buscan a Dios –los magos–.

Este tiempo de preparación para el invierno cristiano, para el pesebre, para el misterio de Navidad, se llama Adviento, es decir, «Venida, llegada». Con este domingo empezamos este tiempo, que dura cuatro semanas. La gran actitud del Adviento es la esperanza.

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A LOS PIES DEL REY

Está situada en la zona más alta de la región de Judea, al sur de Belén; fue la primera capital de un pequeño reino que David pudo fundar: la ciudad de Hebrón está ligada a los orígenes de Israel; allí se dirigieron las tribus de Jacob para pedirle a David que fuera su rey. Años atrás, los ancianos de las tribus, seguramente, no apreciaban mucho al hijo de Jesé, pero las circunstancias hicieron posible que David fuera el mejor candidato para gobernar todas las tribus de Israel; además, ¿no lo había elegido Dios a él, como el anciano Samuel había manifestado?

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SABIOS Y FIELES

Aún se conservan muchas de las piedras del templo que Jesús pudo contemplar con sus discípulos; como ellos, también nosotros quedamos admirados al contemplarlas.            

También se pueden ver muchas de ellas por los suelos, tal como quedaron al ser destruido el templo por Tito en el año setenta de nuestra era.

Contemplando aquellas piedras, todavía colocadas y llenas de esplendor, Jesús habló a sus discípulos del futuro. El futuro final, pero también el futuro más cercano del tiempo intermedio. Los tonos apocalípticos de este discurso son bastante claros: terremotos, guerras, astros que caen o se apagan; pero también aparecen otros rasgos más cercanos y terribles: los discípulos serán perseguidos y odiados por todos por causa de Jesús.

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MÁS ALLÁ Y DESPUÉS

No todas las religiones creen en una vida más allá de la muerte. El problema del futuro individual de la persona ha sido resuelto de manera diferente dependiendo de cada tradición.

Dentro del judaísmo tradicional, incluso, existen grupos en los que no se cree en la resurrección. En tiempos de Jesús no todos estaban de acuerdo en el destino final del hombre más allá de la muerte. En concreto, es significativo el caso de los saduceos, la aristocracia sacerdotal de Jerusalén, que vivía del servicio al templo y gobernaba la religiosidad oficial del pueblo de Israel.

Este grupo solo aceptaba como inspirada la Torah, los cinco primeros libros de la Biblia. Los Profetas y los demás escritos, así como las tradiciones orales, eran rechazadas por los saduceos, por considerar que no estaban inspiradas por Dios. Por eso, solamente aceptaban como verdad aquello que estuviera recogido en esos cinco primeros libros inspirados.

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AMIGO DE LA VIDA

El libro de la Sabiduría nos ofrece uno de los calificativos más bellos de Dios: «Amigo de la vida». Esta denominación tiene aún más alcance si consideramos que está escrita en un momento en que los judíos de Alejandría son perseguidos por los egipcios paganos. El autor del libro de la Sabiduría está hablando del amor de Dios por todas sus criaturas, por todos los seres humanos, más allá de la perspectiva histórica de la elección del pueblo de Israel.

Podemos definir la filosofía de este libro como un «optimismo radical»: todo es bueno. De esta manera, comprendemos la Sabiduría como comentario al primer capítulo del Génesis: después de cada jornada creativa, Dios contempla lo realizado y ve que es «bueno»; al final, se insiste: «Todo era muy bueno».

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SERÉIS MIS TESTIGOS

En un juicio son imprescindibles los testigos. También en las circunstancias cotidianas de la vida necesitamos testigos que nos abran horizontes a los que nuestra propia experiencia no llega.

Este domingo se celebra en la Iglesia el Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND, con el lema «Seréis mis testigos». Esta frase está tomada del evangelio según san Lucas: son palabras de Jesús resucitado a sus discípulos para enviarlos por todo el mundo después de la Pascua.

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DE ÁVILA Y DE JESÚS

Ayer celebrábamos la festividad de una de las mayores santas de la historia de la Iglesia, la primera en ser nombrada doctora: Teresa de Ávila, patrona de España y de los abogados, una de las maestras más grandes de la historia en la vida de oración.

 En muchos lugares del mundo, esta fiesta se puede celebrar con sus hijas e hijos, las carmelitas y los carmelitas que extienden el espíritu de Teresa por todo el mundo y a lo largo de la historia. En Ciudad Real, en concreto, tenemos la suerte de contar con tres conventos de Carmelitas Descalzas.

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